Los toros desde la barrera

No me considero anti taurino, ni aún menos taurino. Me considero de andar por casa. No me molesta lo que el vecino haga en su casa, allá cada cuál, pero si me molesta el ruido que pueda hacer a determinadas horas por ejemplo. La vida es libertad y como tal hay que dejar hacer a cada cuál lo suyo, siempre que no se solape en la nuestra. Matar a un toro está mal, que se lo pregunten al propio torero que es quién le ajusticia o al insensato toro que arremete. Como igual de mal es no socorrer a una persona que pide por la calle.

Mirar a otro lado, es como banderillear al astado en su ignorancia. Banderillear, torear, escaparse por los burladeros de la sociedad, ser un amante de los animales desde el otro lado de la televisión. Acoger perros, gatos abandonados es una cosa, pero acoger a una res de 500 kilos en casa es otra cosa. Como los miles de empleos que genera la tauromaquia es está España ahogada y desguazada. Si nos quitan los toros, se empobrecerá literalmente el país. Y si el amante de los animales que gasta en piensos, vacunas y cuidados de su mascota amiga, ignotas cantidades de dinero, esquilma por otro lado un euro al que pide en el metro, ojalá sonaran las trompetas de cambio de suerte en su pulcra y vegetariana oreja.

¿Se odia el toreo porque solo se lucra el millonario torero, ganadero, o apoderado? ¿Y que me dice del taquillero, del que alimenta a los astados, de los veterinarios, del alquilador de almohadas, sastres, personal de limpieza, negocios de restauración en torno al coso, transportistas, taxistas, etc, etc y requeté etc?

Maltratar animales o personas, el maltrato no conoce de especies ni minerales. Proponer mejoras, cambios y soluciones invitan a abandonar al gracioso cachorro adoptado o adquirido en una pajarería, en pos de cambiar el mundo a algo mejor.

Que se eliminen los toros y con ellos a los idiotas, que no se maltrate bestia, hombre o animal, pero sobre todo que no me molesten, con su disco rallado en un gramófono ya sin cuerda.

Soluciones, no prohibiciones.

toriles

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Elecciones sin elección

Casi jugando con las palabras puedo decir que no hay elección clara a elegir en estas nuevas elecciones. Nada que ver a las primeras elecciones de mi vida, después de la muerte de un caudillo. Hasta los aviones bombardeaban las ciudades con panfletos, se llenaban de carteles las esquinas, la calle bullía y las ganas de futuro se respiraban.

Ahora un vespertino cartel ondea en la castellana. Donde desfilaran los tanques y los soldados de la victoria (de algunos u otros) ahora un personaje Photoshop lanza su mirada perdida en el teleprompter del tráfico. Promete a sí mismo, piensa en sí misma, se contentan entre ellos mismos. La perdiz se ha vendido antes de ser cazada y nuevamente en las urnas, botaremos más escándalos, más corrupción y por su puesto menos ilusión.

Ya solo hace falta un abracadabra y que saque un empleo, una vivienda digna, un buen futuro de su chistera. Pero por desgracia se les ve los hilos de nailon ya que el fondo negro está ya gastado por el sol de tanta apatía.

urna-hambrienta

 

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Dos de cal y nada de arena

No suelo comulgar con ruedas de molino, creo que me producirían gases y no puedo permitírmelo. Más que nada por el precio a que está el gas. Creo que a casi 20 euros la bombona y no se puede derrochar en tiempos de crisis. Es lo que nos comenta el señor ministro de turno, cuando pasa ante el vendedor de semáforo, a borde de un Audi blindado de más de 90.000 euros.

 Seguro que el ministro teme por su integridad, o tal vez sea por la vergüenza ajena a que le miren a la cara y le pidan justicia. Justicia ¿de qué tipo? Supongo que de todos los colores, doctrinas y credos. Una para ocasión siempre que el agraviado sea el mismo, el adoctrinado amigo o insumiso seguidor.

Ahora vienen las elecciones aunque ya nadie pega carteles, por eso de “Responsable la empresa anunciadora”. Candidatos los de siempre, Pablos, Aguirres, Garcías, Dominguez o Manolos que más da.

Que vengan las elecciones, que vengan los suecos y se dejen sus divisas, o los chinos y nos compren a golpe de yuan. Al final lo que importa es que el molino siga dando pan.

Socrates

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La montaña es culpable

Acuso aquí y ahora a todas las montañas de ser las culpables de causar la muerte a miles de personas. Las montañas que sembradas sobre la faz de la tierra y a las que nadie hace sombra, permanecen impávidas antes los últimos hechos acontecidos. Véase un vuelo de bajo coste que vino a cruzarse en su descanso eterno de milenios. Ante el inminente impacto del aparato, las montañas ni si inmutaron. No quisieron levantarse para colocar su cama, ni siquiera ladearse un poco en su lecho, para buscar una mejor posición. Y ante la muerte de tantos inocentes, apenas han mostrado en su rostro un gesto de desaprobación. Las montañas siguen esperando y no se moverán ante los designios que nos depare el futuro. Ni siquiera el barreno que las atraviesa con autopistas de pago las conmueve.

Y luego está el papel del suicida que valora su vida y las de los demás en nada y se las ofrece a la fría roca y al musgo trasnochado. Nadie gana, todos perdemos, menos las montañas que aumentan sus cifras de ahogados en la ducha de su silencio. Cuando bebamos un vaso limpio de agua, mirar en esa translucida sustancia, la sangre, los sueños, la locura de un desalmado, la quietud del cielo apresada en la roca.

Pues son los ríos las lágrimas de las montañas, que aún sin oírlas, gimen todos los días por no salir de su coma impuesto por la grandeza del cielo.

Descansen los pasajeros, donde siempre van las nubes a cantar nanas a esas calladas montañas que tanto nos ofrecen en la vida.

K2

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Gamonal de todas las Rusias

Rugen las tripas de los políticos en Burgos. Mientras el vulgo pueblo, (que no Burgalés para ellos) protesta en las calles, sus/nuestros políticos miran la carta del menú  en el asador de carnes de moda en la ciudad. Las penurias y necesidades del Gamonal, son agua de borrajas frente a un buen Chatéu o caldo Riojano. El sonido que sale de las gargantas que protestan, es apagado con el silbido imperceptible que hace el cuchillo al diseccionar un filete. Todo se ve muy distinto desde un puesto de trabajo atrincherado, donde se impone su voluntad al igual que lo hace un obispo desde su cabildo.

No puedo dejar de recordar aquella escena de Doctor Zhivago, mientras la aristocracia cenaba con el lujo de la moda parisina, los obreros, los pobres, los desheredados entonaban la internacional y les amargaban al menos por unos instantes la cena. El resto de la historia comunista la conocemos, los unos y los otros se masacraban en pos de la igualdad o a favor de mantener su estatus y dinero.

 Y pese al haber atravesado este tipo de crueldades y sabedores de lo que es capaz de hacer el hombre cuando se le reprende en impuestos y deberes y no se predica con el ejemplo. Los señores dirigentes de Burgos o de la Moncloa, en serio que se han creído que son zares de Castilla y León, o del mismo condado de Treviño.

Mal asunto el vapulear al pueblo, peor y más grave aún despertar al pueblo español. La historia se repite, y de momento no vemos que renuncien al cordero ni a la langosta, por lo que todos sabemos el final. Más aprietes de tuerca, más cerca nos encontramos del desenlace, recemos si todavía sabemos o creemos, por un final feliz.

agustina

Cualquiera de nosotros somos una Agustina de Aragón dormida. Solo falta que nos saquen de nuestras casillas, para reaccionar de una vez por todas.

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Lloverá

La caterva de iluminados que puebla la vieja castilla, arrastra sus pies sobre las baldosas de polvo prensado de huesos. El pueblo que con dientes mellados ya no ruge, es aplacado con jarabe de pelota y chorro de agua fría. Mientras los jueces agasajados con centollo de 85 euros el kilo y la otra mitad relegada al ostracismo del exilio burocrático, dejan pasar sin control, a esta plaga de comadrejas.

En el convento de Santa Virtud ya no quedan vírgenes y una bendita mesa de black jack, puebla la sacristía. Mientras tanto, emergentes guerreros del antifaz, son placados por hipotecas, impuestos y deberes. Y el líder que se atreve a subir al estrado y enarbolar la bandera del progreso, es enmudecido como lo hacen los mandos a distancia con sus respectivas televisiones.

Energúmenos nos han convertido, por no zafarnos de las cuerdas de papel que nos estrangulan y coger al toro por los cuernos.

Vivamos en el barro, es lo que queremos, quizás mañana llueva.

 

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Olimpiadas sin estar en el Olimpo.

Dicen que las Olimpiadas nos sacarán de la crisis, pero a menos que no seas un fabricante de jabalinas o pértigas, o tengas la suerte de ser un juez de pista, poca crisis te  van a sacudir de la espalda. Es cierto que se crearan puestos de trabajo, que se crearan nuevas infraestructuras y nuevos proyectos faraónicos que precisarán de mano de obra. Se construirán nuevos hoteles y la ciudad limpiará su cara, para que el mundo vea de nuevo aquel país que dominó el mundo hace unos siglos. Se venderán litros de sangría, cerveza y agua embotellada. Se cincelará de oro y oropel las avenidas, se asfaltará el charco y se canalizará el día a día. Y los de siempre llenarán de nuevo sus mermados sacos, con los beneficios de la estafa. Poquitos lograrán solucionar su vida a cuenta de las olimpiadas y muchos tendremos que pagarlas por muchos años.

¡Que no se apague la llama olímpica y arda Madrid, como la Roma de Nerón! Lo veremos, lo sufriremos y después seguiremos lamentándonos de ser madrileños, españoles y europeos.

Nunca se apagará esa antorcha, nunca mientras nosotros no queramos. Y va para largo…

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Descansad inertes, descansad

Parece que la moda ahora es decir desconecta y vete de vacaciones. Pero si estás mordiendo el polvo lo que menos piensas es en descansar. Solo piensas en levantarte y devolver el golpe a los que te han arrojado al pavimento patrio para descalabrarte. Deja que se vayan que nosotros afilaremos nuestros cuchillos de esperanzas y sueños para abanderar la cruzada por nuestra causa. Que vengan descansados y ociosos, les caeremos por sorpresa y cuando se percaten que dejaron olvidados sus escudos en playas lejanas, estará nuestra palabra rasgando su garganta.

 

 

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Segunda oportunidad

Todos desearíamos empezar nuestra vida de nuevo, evitar errores, seguir por otros caminos. Ojalá hubiéramos sabido, esto o lo otro. Seguramente no estaríamos como ahora. Hubiéramos disfrutado de personas que ya no están, seríamos ricos habiendo invertido en ladrillo antes de la crisis. Y ahora estaríamos en una playa lejana degustando un coctel con una sonrisa. Pero yo te digo que ya se te ha dado esa oportunidad. Y es en el preciso momento en el que lees estas letras, cuando has regresado de tu gris futuro. Tú no lo recuerdas, pero ayer estabas postrado en un hospital, con unas pocas horas de vida. No podías levantarte sin ayuda, apenas  conocías a las personas que te visitaban. Y ¡Zas! Por arte de magia, de un Dios poderoso que pasaba por allí, o por la lámpara maravillosa que guardaba una enfermera y se apiadó de ti. El caso es que estás de nuevo en este día, delante de tu pantalla. Se me olvidaba decirte, que el pacto con el Dios o el genio de la lámpara, incluía un borrado de memoria. Así que tú deseo está cumplido, disfruta de nuevo y recuerda….no tendrás otra oportunidad.

 

Esto es un relato….aunque pudiera ser que no…

 

Segunda oportunidad

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Compulsar cervezas

He visto a genios, matemáticos, empresarios, empleados discutir sobre el destino del mundo en las tabernas. Ni el mismísimo Zeus, ni siquera el rey de las tinieblas se salva de estás animadas tertulias de bares de barrio. He visto como se insultaba a árbitros, toreros, políticos y hasta los presentadores de la televisión. La gente del bar es sabia, y con jarabe de cebada, se dice lo que se piensa. Pero es tal el ánimo del español, que sí se dispusiera un carro de fusiles de asalto a la salida del bar, todos marcharían a sus casas sin blandir un arma. Siempre es lo mismo, desde la barrera todos somos valientes y aguerridos. Pueblo Hispano vendido, que ya no pelea nada, ni siquiera por la mejor fruta en los mercados. Compulsar cervezas y lacrar el estomago con raciones variadas. Es lo que nos queda. De lo que fuimos, ni la montera. De lo que seremos, pues no estaremos. Y cuando pase el estado de nuevo el cepillo, ante nuestros malogrados bolsillos, depositaremos nuestras telarañas y seguiremos gritando con furia del momento, a la tele, la radio y la insensible página web de noticias.

Cuando al fin no quede ningún hispano en los bares, y las tiendas de los chinos ocupen el lugar desde el que arreglábamos el mundo, los tanques de Tian’anmen barrerán a los nostálgicos. Sigamos compulsando esas cervezas, dejemos que los tanques ocupen posiciones.

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