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Lloverá

La caterva de iluminados que puebla la vieja castilla, arrastra sus pies sobre las baldosas de polvo prensado de huesos. El pueblo que con dientes mellados ya no ruge, es aplacado con jarabe de pelota y chorro de agua fría. Mientras los jueces agasajados con centollo de 85 euros el kilo y la otra mitad relegada al ostracismo del exilio burocrático, dejan pasar sin control, a esta plaga de comadrejas.

En el convento de Santa Virtud ya no quedan vírgenes y una bendita mesa de black jack, puebla la sacristía. Mientras tanto, emergentes guerreros del antifaz, son placados por hipotecas, impuestos y deberes. Y el líder que se atreve a subir al estrado y enarbolar la bandera del progreso, es enmudecido como lo hacen los mandos a distancia con sus respectivas televisiones.

Energúmenos nos han convertido, por no zafarnos de las cuerdas de papel que nos estrangulan y coger al toro por los cuernos.

Vivamos en el barro, es lo que queremos, quizás mañana llueva.

 

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Compulsar cervezas

He visto a genios, matemáticos, empresarios, empleados discutir sobre el destino del mundo en las tabernas. Ni el mismísimo Zeus, ni siquera el rey de las tinieblas se salva de estás animadas tertulias de bares de barrio. He visto como se insultaba a árbitros, toreros, políticos y hasta los presentadores de la televisión. La gente del bar es sabia, y con jarabe de cebada, se dice lo que se piensa. Pero es tal el ánimo del español, que sí se dispusiera un carro de fusiles de asalto a la salida del bar, todos marcharían a sus casas sin blandir un arma. Siempre es lo mismo, desde la barrera todos somos valientes y aguerridos. Pueblo Hispano vendido, que ya no pelea nada, ni siquiera por la mejor fruta en los mercados. Compulsar cervezas y lacrar el estomago con raciones variadas. Es lo que nos queda. De lo que fuimos, ni la montera. De lo que seremos, pues no estaremos. Y cuando pase el estado de nuevo el cepillo, ante nuestros malogrados bolsillos, depositaremos nuestras telarañas y seguiremos gritando con furia del momento, a la tele, la radio y la insensible página web de noticias.

Cuando al fin no quede ningún hispano en los bares, y las tiendas de los chinos ocupen el lugar desde el que arreglábamos el mundo, los tanques de Tian’anmen barrerán a los nostálgicos. Sigamos compulsando esas cervezas, dejemos que los tanques ocupen posiciones.

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La decisión

Una vez que papá estado, está ebrio de licores fiados con el sudor de sus primogénitos. Y a su vez estos, esperan en la puerta de esta taberna de piratas, a que alguien les saque cualquier ración medio terminada. La opción de sublevarse no es buena idea, pues hace tiempo que nos secuestraron los sables en honor a la verdad y la democracia. Amotinarse es solo un sueño, pues nadie sabría ya por donde navegar con este barco. Y es que con los sables también nos quitaron las brújulas, mapas y sextantes. Quizás debamos recordar que hace muchos siglos fuimos pioneros y exploradores. Debemos lanzarnos de nuevo al mar de la duda y cartografiar con puño firme, la costa de nuestra vida. Talar los árboles del conocimiento y hacer con ellos nuevas naves para estas aguas. Dejar que el borracho de la política, se beba hasta el último barril del pasado y que se muera de sed en su banqueta. Son nuevos tiempos de héroes, de trazar nuevas rutas y volvernos marineros, capitanes y artilleros. La esclavitud física fue abolida, pero nos toca a nosotros abolir la esclavitud del dinero. Nunca pesaron tanto y marcaron tantas diferencias, las pesadas cadenas de papel timbre con el sello de un banco europeo, americano o de cualquier país de este precioso mundo.

Dijo una vez un gran hombre, “heredaréis la tierra” a lo que añadió un banquero: “heredaréis las deudas”. Quizás Noé pagará a plazos a Dios su arca, o Bizancio a Constantino su anfiteatro. Pero desde entonces ya hemos pagado todas las deudas de todas las guerras físicas y mentales de esta tierra. Nos toca disfrutar del bien adquirido a tan alto interés. Es por tanto tiempo de recordar a nuestros captores que llevamos las llaves de nuestros candados. Y que por fin vamos a usarlas.

Me declaro ante ellos, ciudadano del mundo, habitante de este planeta, compañero de montañas, ríos y praderas. Hermanos de los mares, marido y esposa del viento. Primo del sol y tío lejano de las estrellas. Liberando nuestra mente, cambiando la forma de mirar las cosas, aboliendo el consumismo, empezaran a ceder nuestras cadenas. Desde el no pasarán, ninguna otra frase tuvo tanta fuerza como la nueva consigna, utilicemos el nuevo grito de guerra, la nueva sinfonía de libertad y todos a una garganta gritemos. ¡Podemos!

Podemos

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Ulises, odisea y una vida

Seres de inhóspitos dientes, roen la voluntad del hombre con el fin de saciar el vacío de su estómago. El hombre raído sin motivo ni fuerza, cede a los impulsos de los que le rodean y no puede si quiera levantar su voz ya muda. El hombre que ya se arrastra, porta un cepillo de dientes como la última defensa de su extinta vida. Y el pérfido destino, bailando y danzando en torno suyo, le silva con una sonrisa de verdugo. ¿Cómo ha caído este hombre más bajo que su sombra? Es lo que se pregunta la baldosa por la que se arrastra reptando, ese hombre que perdió su condición de humano y su apellido en una bodega. Terribles sombras le acechan, fino ataúd le espera y solo tiene treinta años, un despido y la sentencia de su hipoteca. Ahora bien, ¿aceptará su destino o escribirá el resto de su vida con letras de color carmesí? Vosotros….donde tenéis vuestra sombra, ¿encima de vosotros? Si es así poneros en pie, no quiero oíros balbucear, ni horadar en la siesta de vuestra suerte. Vuestra vida terminará cuando lo decida vuestro corazón o un pelotón de fusilamiento, pero nunca por aceptar un rol del sistema.

Que el espíritu de Ulises os susurre en vuestros peores momentos.

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Cuerda mordaz

Es curioso como el deterioro físico y mental va en aumento según avanzan los días en la crisis capitalista. Ya no somos ni la sombra de lo que éramos, aquellos niños que pintaban el cielo de caramelo, que cabalgan entre las nubes, que se sorprendían con el arco iris. Somos como zorros atrapados, en las trampas del sistema, en las redes del dinero. Cazados por escopetas sin escrúpulos, que solo quieren llenar de números sus bolsas. Nos han atado las alas, con cuerdas de finos pagarés y nos han cantado una y otra vez, que no tenemos alas. Y lo peor es que lo hemos creído, porque al vernos reflejados en el reflejo de la sociedad, ya no vemos esas alas que nos hacían soñar.

Somos el burro atado a la noria del molino, con una zanahoria que lleva escrita en palabras de oro, “A cada paso que damos, salimos de la crisis” Y millones de pegasos alados creemos que somos burros, y que caminando en la misma dirección llegaremos algún sitio.

¿Dónde está el espíritu romano, celta, ibero, bávaro, inca, siux, árabe que hizo que el mundo saltara tantas veces de sus railes? Yo os lo diré “Dormido en un bonito sueño que se repite todas las noches”

Y la cuestión es ¿nos gusta ser burros? Porque si no nos gusta, cortar las cuerdas de nuestras alas, nos hará llaga y una herida muy profunda. Pero de verdad, escuchar de nuevo el viento en nuestros oídos, merecerá la pena aunque solo sea una vez más.

¿Nos revolucionamos?

 

Crisis

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